lunes, 9 de marzo de 2009

El bosque y el poeta

Desperté en un bosque. Pequeños granos de lluvia bañaron mi cara.
La brisa fría soplaba y me susurro en el oído un silfo, una melodía de canto celestial.

Allí cantaba la brisa serena y el frió me arropo en un regazo de nueva leña.

Me dijo el silfo: ¡levanta los ojos al aire poeta! Mírame, soy el silfo del canto triste.
Con tu mechero enciende la llama, para que canten a coro las salamandras. Monedas echa a la tierra para que los duendes bailen su danza mágica.

Ve al estanque allí te esperan las ninfas y las ondinas para darle alegría a tu alma, te esperan con sus cuerpos desnudos. La naturaleza espera que veas la fiesta, porque la luna crece y el espíritu se expande.

Escribe una historia, déjala en el bosque, que lean los hombres lo que vieron tus ojos, aunque les parezca delirio.

En cuanto a ti, te has de disolver en la llama, para que pagues nuestra gracia con cenizas……

Antes de llegar el alba, Se apago la llama cuando termino de arder su carne, el silfo regalo una lágrima al cuerpo quemado, y los otros elementales lo bañaron con lágrimas y sonrisas. El bosque que canto una vez a la vida, hizo un ritual de muerte para redimir a un poeta.

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